11 de septiembre. Una fecha que da el nombre de una calle, una fecha que vivirá en la infamia, una fecha para celebrar la liberación, una fecha… sólo eso: una fecha.

Gente con miedo por la calles, porque el “NO olvidar” incluye una serie de personajes siniestros que queman neumáticos en las calles, dan cadenazos en las torres de alta tensión y se trenzan a disparos con Carabineros -que por cierto, obedecen órdenes-, a la usanza de la vieja escuela. Mientras que en la Cámara de Diputados, alguien pide un minuto de silencio por el difunto presidente Allende, otros tantos no quieren rendir el homenaje, porque viven al otro lado del barrio y no pueden aceptar que el resto llore a sus héroes caídos. Otros tantos, en el techo del mundo, rinden homenaje a los caídos en un atentado de dudosa procedencia. Algunos más, lloramos la partida de uno de los héroes deportivos y periodísticos de este país.

Una fecha… para recordar que hace 39 años se nos olvidó ser democráticos, so pretexto de defender la democracia. Para recordar lo divididos que estamos, porque muchos justos pagaron por pecadores. Que nos demuestra que el discurso de “defensa de la democracia” no es más que un envoltorio bonito para disfrazar la intoleracia y la injusticia de nuestro país, una bestia que se alimenta de ambos lados.

Cierro el 11 con pena porque como país, una vez más, ponemos el acento en nuestras diferencias por sobre nuestras similitudes.

Anuncios