Imagen Campaña Anti SPAMTriste pero real. En el afán de realizar publicidad de manera viral, nuestras casillas de correo se han ido llenando paulatinamente de mensajes no solicitados, conocidos como SPAM. La pregunta típica del usuario al encontrar su casilla abarrotada de mensajes publicitarios es “¿Quién es este perico que me manda tantos mensajes?”.

Y la respuesta no es tan simple como pudiera esperarse.

Seguramente han recibido correos electrónicos ofreciendo “Bases de datos de correo con más de 25.000 casillas”. Pues bien, ese es el punto de partida del spam: una nutrida base de datos con direcciones de correo electrónico de cientos de usuarios, quienes recibirán información dependiendo del “perfil de consumidor” que tengan. Por ejemplo: si son mayores de 25 años, lo más probable es que reciban información sobre antidepresivos, drogas y aparatos para mejorar el funcionamiento sexual, servicios de escort (principalmente fuera del país), capacitación o perfeccionamiento académico, etc.

Ahora bien, esas direcciones son obtenidas de dos formas: una no-oficial (podría ser una suposición de mi parte… si alguien sabe, por favor corríjame) es a través de la venta de datos de empresas. La segunda es a través de cadenas… SÍ: esa inocente forma de “ayudar” a la gente, de compartir una fortuna o un premio, que nos secuestren usando un perfume o de evitar que un fantasma nos mate a mitad de un sueño.

Este fenómeno se ha extendido a las redes sociales, siendo posible encontrar SPAM en Twitter y en Facebook. Es más: en Facebook se ha automatizado mediante campañas de juegos sociales, supuestas “concientizaciones” con imágenes de niños en desgracia o enfermedades graves, que con el sólo hecho de compartirlas o activar la aplicación nos instala un programa que lee información de nuestro perfil… no para venderla, sino que para enviar nuevos mensajes basados en nuestros comportamientos de navegación.

Y ¿cómo nos lo sacamos de encima?

El sarcasmo de House M.D. nos recuerda no creer en la jugada del SPAM
El sarcasmo de House M.D. nos recuerda no creer en la jugada del SPAM

Simple: ninguna empresa rastrea mensajes para poder entregar donaciones, no existe un botón “No me gusta” en Facebook, ni existen curas milagrosas para la calvicie, ni dietas para bajar 10 kilos en una semana.

Bill Gates no compartirá su fortuna, el fantasma de la foto no se te va a aparecer ni te va a matar a mitad de noche, ni las pandillas de tráfico de órganos te van a ofrecer un perfume para que te desmayes y aparezcas sin riñones en una tina llena de hielo.

Estos son meros experimentos de ingeniería social (vulgarmente conocidos en Chile como “el cuento del tío”) diseñados para que entregues tu dirección de correo electrónico sin pensarlo demasiado y seguir llenando tu casilla con publicidad no solicitada.

Si alguien te pide un correo para ayudar a una niñita en África o para compartir un premio, o te invitan a una aplicación de Facebook que te pide reenviar la invitación a todos tus contactos, entonces duda un momento y luego, NO HAGAS NADA. Es sólo un spammer que te quiere hacer parte de su juego.

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