Panfleto once de septiembre

Es curioso que cada vez que ocurre alguna contingencia nacional, los diarios se llenan de este tipo de informaciones. Supuestamente, el 11 de septiembre es una fecha ya saldada para los chilenos, a la luz de los “gestos” institucionales. Sin embargo, hay quienes aprovechan la ocasión para recordar que esta larga y angosta faja de tierra estuvo en “guerra contra el marxismo” (señuuures…).

El problema es que se les da publicidad. La foto que aparece más arriba fue publicada en Crónica el día 10 de septiembre, como asentando el preámbulo de lo que pudiese ser un descalabro social. Un panfleto donde se hace un llamado a tomar las armas, robar en los supermercados, subirse a la micro sin pagar y se da instrucciones para construir una bomba Molotov, todo ello bajo el pretexto de la opresión de la que son víctimas.

Y ¿en qué están pensando los medios? En vender más diarios, cobrar más caro por aviso en la tanda publicitaria y mantener a la ciudadanía -si es que se le puede llamar así- con el alma en un hilo ya que “la delincuencia está disparada y la justicia no tiene poder para mantener a los delincuentes en la cárcel”.

Los delincuentes han sido iguales desde siempre, incluso no son sólo flaites. Cuando los “defensores de la libertad” llaman a tomar las armas en contra de Carabineros, a robar en el supermercado o colarse en la micro, porque sus ideales de sociedad no se encuentran en el tablero en el que les tocó jugar, son tan delincuentes como aquellos que roban por necesidad (es más simple robar que trabajar para llevar la comida a la casa). Cuando un jefe no quiere pagar las cotizaciones previsionales, cuando le niegan los feriados a sus trabajadores, cuando los hacen trabajar sobretiempo y no pagar horas extras, también son delincuentes, tal vez no la caricatura del “Chompiras”, pero son tan ladrones como el que asalta un negocio de barrio.

Los “defensores de la libertad” lloran a sus víctimas, acusan a los Carabineros de “asesinos”, pero se sienten con autoridad de lanzar bombas Molotov, o alzar las armas en contra de Carabineros ¿y esperan que estos no se defiendan?. Los mismos “defensores de la libertad” abogan por la anarquía y se quejan que el Gobierno no les dá recursos -¿no que la anarquía se sustenta en la inexistencia de un Estado y en el imperio de la autorregulación?-. Son estos mismos personajes los que hablan de “violencia de Estado”, pero que hacen apología de la misma como mecanismo de cambio social.

Ninguna violencia es buena. Con un Gobierno con vocación “participativa”, pero que no duda en soltar a los perros cuando algo no le parece bien, y con una contraparte que no le tiembla la mano para organizar combates contra Carabineros, no es mucho más lo que se puede hacer. Estamos sumidos en un diálogo de sordos, donde por más que gritamos no nos escuchamos.

Dejemos los cuentos de lado. Por un lado los medios nos tapan un momento de crisis con “festividades” como el 11 de septiembre o el “Día del Joven Delincuente Combatiente”. Por otro lado, aquellos que enmascarados dicen defender al pueblo, pero que tienen a las personas decentes encerradas en sus casas presas del miedo.

Yo quiero la calle para mis hijos. Quiero caminar tranquilo sin tener que mirar hacia atrás “por si acaso”. Y sucede que, a lo mejor, todo esto es una ilusión colectiva.

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