Nacho en su primer dia de clasesBrisa del Sol, Talcahuano. 7.10 horas.

Ignacio bajó la escalera conmigo, de la mano.

– Hijo, te tienes que portar bien.
– Sí papá. Y voy a jugar con los amiguitos también.

Yo pensaba: “Ojalá que no llore o que no haga desorden… ya está grande, pero…”.

Al llegar abajo, Cecilia nos dice: “ya, a tomar desayuno, está servido”. Lo miraba comiendo su huevo a la copa y tomando su “leche rosada” (bendito “Charlie y Lola“), si parece un niño grande. Recordé lo frágil que se veía cuando nació. No puedo creer lo rápido que pasa el tiempo.

Ya en el colegio, las fotos de rigor, el saludo con las tías y a reunirse con sus compañeros. Traté de hacerla “lo más corta” posible, no sé si por evitar el berrinche de Ignacio o por el temor de quedarme pegado por miedo de dejarlo solo. Sin embargo, verlo jugar con sus compañeros de puesto me tranquilizó.

De regreso, conversaba con Cecilia.

– Parece mentira que ya esté en el colegio.
– Y no nos vamos a dar ni cuenta cuando termine.

Nos fuimos abrazados, pensando en lo corto del tiempo y en lo grande y hermoso que está nuestro hijo.

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