Claudio y Franco jugando BoxingCuando estaba en el Liceo, me juntaba con compañeros de curso y amigos para jugar con la joya tecnológica de ese entonces: el Atari 800XL. Intercambiabamos juegos en cassette, hacíamos competencias que podían durar toda la tarde -y parte de la noche, si nuestros padres lo permitían- y nos reuníamos para compartir trucos y técnicas.

Luego, un amigo logró hacerse de una NES y el videoclub de Tomé comenzó a arrendar juegos para la consola. Ahí comenzó el trabajo asociado para terminar cada versión disponible de Megaman -en ese entonces el juego de consola más adictivo que conocíamos-. Las veladas comenzaban el viernes a las 21 horas, para terminar el domingo por la tarde.

Sólo parabamos para comer, ir al baño y dormir un rato, jugando por turnos. Como Megaman permitía guardar códigos de continuación, los anotábamos en unas planillas de hoja de cuaderno, dibujadas por nosotros mismos, y eso nos permitía detenernos cuando el cuerpo y la vista ya no daban más.

Pero lo impagable era la sensación de camaradería y amistad, tras el objetivo de terminar un juego. Esa sensación no la sentí por 15 años… hasta este sábado.

Los Mii'sTras una serie de amenazas e intentos fallidos, por fin logramos reunir al clan “Last Thursday” en una casa. Tras compartir un refrigerio de pizza con bebida -tras un gentil intercambio comercial con Pizza Hut- corrimos sillones, arreglamos la posición del televisor y Christian procedió a presentar al principal invitado de la noche: la Nintendo Wii.

El sólo instalarla demostró que la pasaríamos bien. Hacía tiempo que no instalaba algo sin que me diera algún tipo de problema. Configuramos personajes -los Mii- y se inició la competencia en Wii Sports (se nota que estamos algo faltos de ejercicio, ya que las sesiones de este juego son extremadamente realistas, y cual de los cuatro terminó más traspirado).

El hecho es que me ocurrió algo muy extraño: realmente lo disfruté. Y por lo visto, el resto también.

Recuerdo haber tenido sesiones similares jugando Starcraft y juegos en la PlayStation, pero se sentían algo más distantes, ya que el estilo de juego era demasiado individual. Al jugar con movimientos sincronizados, uno se siente compenetrado, más aún si tienes a alguien en lo mismo a tu lado.

Creo que la Wii es la mejor consola que he visto en años, ya que si bien la gráfica parece sacada de una Playstation 1, la jugabilidad es superior. Es toda una experiencia y definitivamente si se comparte en grupo, es mucho mejor.

Ojalá que se repita, ya que el relajo que quedó hace bien.

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