Una sala de clases como las de antañoEn los tiempos en que fui estudiante universitario, existían los profesores frontales -catedráticos y profesores que se dedicaban a exponer-, trabajos de investigación donde tenías que investigar y computadores con interfaz TTY -en modo texto y sin internet-. A pesar de todas estas complicaciones, sobreviví­ y me convertí­ en periodista.

No necesité psicólogos, psiquiatras, ni nada parecido. La solución era simple: cuando había que desconectarse, me desconectaba.

Hoy en día, las universidades cuentan con cómodas instalaciones, laboratorios de computación con Internet, procesos administrativos simplificados al máximo -bueno, algunos- y profesores convertidos en “facilitadores de la educación”. Estas comodidades han convertido los trabajos de investigación en verdaderos trabajos de corte y confección, que convierte a los alumnos en verdaderos “Versace” del conocimiento: simplemente corto aquí y pego acá (aunque Versace desarrolla sus propios diseños).

Pese a esto, veo a mis alumnos con severas crisis de stress, con problemas emocionales “simples” que los destrozan, y más encima, con asignaturas por aprobar. ¿Cómo es posible, si simplificando tanto los procesos, los alumnos se compliquen más de la cuenta? Esta realidad no es exclusiva de las universidades. Mi madre trabaja en un Liceo Politécnico, y los alumnos tienen un comportamiento bastante similar.

Tal vez, sea necesario simplificar la forma de ver la vida, más que la forma como operamos, ya que está en la naturaleza humana el “buscarle la piedra al camino”.

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