Los bueyes tienen que tirar la carretaCuando comencé en la informática -como la mayorí­a de todos, por hobby-, era necesario pensar como el computador para poder llevar a cabo sencillas tareas. Si necesitabas hacer una operación aritmética, simplemente escribí­as los comandos respectivos a la fórmula y ejecutabas la rutina para calcular lo que necesitaras.

En la actualidad, accedes a una aplicación llamada Calculadora y haces tus operaciones pinchando la pantalla con el mouse.

Esta simplicidad de operación trajo consigo un efecto colateral para la mayorí­a de los usuarios. Ya no es necesario saber computación ni conocer una técnica en particular: con saber -malamente- del ambiente operativo más usado prácticamente eres un experto y todo el resto es malo.

En una clase de cibercultura puse como ejemplo las diferencias entre Linux y Windows desde el punto de vista de licenciamiento y funcionalidad. Todos coincidieron en que Windows facilitaba mucho las cosas, pero cuando les consulté sobre los fallos y problemas de Windows, todos preguntaron: “¿cuáles fallos, profesor?”

Eso me llevó a pensar que los usuarios no reconocen las fallas de Windows como tales, considerando natural que las aplicaciones se cuelguen, que aparezcan pantallazos azules y que los computadores estén infestados de gusanos y virus. Total, Windows es tan fácil, que no es necesario saber de computación, porque el sistema casi se maneja sólo.

Basado en esto, es simple reconocer el porqué del comportamiento del resto de la fauna que utiliza computadores. Los wezmaster, expertos en Dreamweaver y PowerPoint, pero completamente ignorantes en conceptos de arquitectura de la información, usabilidad y accesibilidad. Programadores que gastan 5 años de sus vidas para encerrarse en el desarrollo en VisualBasic, sin atreverse a acercarse a lenguajes de verdad, como C y Java.

Esta autocomplacencia no es culpa de ellos. Es simplemente que quienes enseñamos no somos capaces de inculcar la parte conceptual como la base del desarrollo de cualquier proyecto o diseño, escudados en que lo que enseñamos “es lo que pide el mercado”. Embolinamos la perdiz con herramientas que traen casi de todo, pero nunca enseñamos que debemos partir de la base, pensando y abstrayendo que es lo que vamos a construir. Como dice el profesor Ricardo Herrera, “elevarse de los abstracto a lo concreto”.

No sacamos nada con enseñar una herramienta en detalle, si nuestro aprendiz sucumbirá a la tentación de la parafernalia y la aberración cromática, simplemente para demostrar que sabe, en circunstancias que lo que realmente debe tener valor para un profesional es su capacidad de manejo y construcción de la información.

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